Aunque todavía falta tiempo para la contienda electoral de 2028, el panorama político dominicano ofrece una fotografía que pocas veces se ve en una democracia: un partido de gobierno con el camino prácticamente allanado hacia la victoria. El Partido Revolucionario Moderno (PRM) llega a este tramo con ventajas estructurales, internas y de opinión que lo colocan muy por encima de sus adversarios.
Una oposición irremediablemente dividida
La primera razón es la más evidente: la oposición no existe como bloque. El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y la Fuerza del Pueblo, dos organizaciones que nacieron de la misma matriz política, viven hoy una rivalidad que ha cerrado todas las puertas a un entendimiento. Las heridas de la ruptura, las disputas por el liderazgo y la competencia por el mismo electorado hacen inviable cualquier alianza seria.
En un sistema donde la unidad opositora suele ser la única fórmula para forzar una segunda vuelta o disputar el poder, la fragmentación equivale a una ventaja gratuita para el oficialismo. Mientras ambos partidos se desgastan entre sí, el PRM avanza sin un rival capaz de aglutinar el descontento y convertirlo en una alternativa creíble.
Liderazgos internos fuertes y con estructura
La segunda razón está dentro del propio PRM, y es una fortaleza poco común: la abundancia de liderazgos sólidos. Todos los aspirantes presidenciales del partido cuentan con cuota de poder, estructura territorial y capacidad de movilización. No son figuras decorativas ni nombres inflados por el marketing, sino dirigentes con base real, equipos curtidos y presencia tanto en el aparato del Estado como en las organizaciones del partido.
Esa competencia interna, bien administrada, no debilita: fortalece. Obliga a los aspirantes a trabajar, a exhibir resultados y a mantener la maquinaria activa. Y cuando llegue el momento de la definición, el partido contará con un candidato probado y con el respaldo de quienes no resulten escogidos.
David Collado y Carolina Mejía: dos opciones ganadoras
Entre los nombres que más suenan para convertirse en abanderado están David Collado y Carolina Mejía. Ambos tienen trayectoria, carisma y estructura, pero las encuestas serias muestran una diferencia notable: David Collado marca más, y en todos los sondeos de credibilidad le lleva a Carolina Mejía más de 40 puntos de ventaja.
Esa distancia habla de un posicionamiento claro de Collado ante la opinión pública. Pero lo más relevante no es quién encabeza esa comparación interna, sino lo que revela: que el PRM dispone de opciones competitivas de sobra.
Cualquiera ganaría, pero con Collado sería más fácil
La conclusión es contundente. Más allá de los nombres, la correlación de fuerzas apunta a que cualquiera que resulte candidato del PRM ganaría las elecciones de 2028 sin mayores sobresaltos. La suma de una oposición fracturada, un partido con estructura y liderazgos consolidados, y un electorado que hasta ahora no ve una alternativa convincente configura un escenario de victoria amplia.
Ahora bien, aunque todos los aspirantes marcan bien en las encuestas y cualquiera de ellos tendría el triunfo al alcance, con David Collado como candidato el PRM ganaría sin mayores dificultades. Su ventaja sostenida en los sondeos, su nivel de conocimiento y su aceptación lo colocan como la opción que más despeja el camino de un partido que ya lo tiene bastante libre.
Naturalmente, en política nada está escrito hasta que se cuentan los votos. Pero cuando las condiciones objetivas son tan favorables, lo prudente es reconocerlo: el PRM tiene hoy el camino despejado, y a sus adversarios les corresponde la tarea, hasta ahora incumplida, de demostrar que pueden disputárselo.

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