Opinión

LAS ENCUESTAS EN RD: ¿REFLEJO DE LA REALIDAD O ESTRATEGIA PARA POSICIONAR CANDIDATOS?

LAS ENCUESTAS EN RD: ¿REFLEJO DE LA REALIDAD O ESTRATEGIA PARA POSICIONAR CANDIDATOS?Imagen ilustrativa del contenido de ejemplo.

Por: Juan Carlos Tejada

A un año de las elecciones internas de los partidos políticos, previstas para octubre de 2027, con miras a escoger a los candidatos que competirán en las elecciones generales de 2028, la República Dominicana comienza a vivir un fenómeno que despierta cada vez más interés en la opinión pública: una auténtica guerra de encuestas.

Prácticamente a diario aparecen nuevos estudios de opinión que presentan cifras, porcentajes y posiciones sobre las preferencias de los ciudadanos. Algunas de estas mediciones cuentan con trayectoria y credibilidad, mientras que otras generan interrogantes sobre su metodología, independencia y verdadero propósito.

Ante este panorama, surge una pregunta fundamental: ¿Estamos frente a mediciones que reflejan fielmente la opinión de los dominicanos o ante una estrategia para posicionar determinadas candidaturas en el escenario político nacional?

Las encuestas constituyen una herramienta legítima e importante para conocer las tendencias electorales.

Cuando se realizan con rigor científico, una muestra representativa, preguntas neutrales y una metodología transparente, pueden ofrecer información valiosa sobre las preferencias de los votantes, el nivel de conocimiento de los aspirantes y la evolución de la opinión pública.

Sin embargo, el problema aparece cuando estos instrumentos dejan de percibirse exclusivamente como mecanismos de investigación y comienzan a utilizarse como herramientas de promoción política.

En un escenario como el dominicano, donde las aspiraciones presidenciales despiertan pasiones, expectativas y movimientos estratégicos dentro de los partidos, una encuesta puede convertirse en mucho más que una simple publicación de números.

También puede influir en las percepciones de los ciudadanos, estimular el entusiasmo de los seguidores, atraer respaldos políticos y proyectar la imagen de que una candidatura cuenta con una ventaja considerable sobre sus competidores.

De ahí la importancia de no asumir automáticamente que todo resultado publicado representa, de manera exacta, la realidad electoral del país.

Una encuesta no convierte por sí sola a un candidato en favorito, ni garantiza que quien encabeza una medición terminará imponiéndose en las urnas. Los resultados dependen de factores como la calidad del estudio, el universo consultado, el tamaño y la selección de la muestra, el margen de error, la fecha del levantamiento y la formulación de las preguntas.

También es necesario distinguir entre medir las preferencias de toda la población, consultar únicamente a los simpatizantes de un partido y preguntar a los ciudadanos que realmente tienen intención de participar en unas elecciones internas. Son universos diferentes y sus resultados no deben interpretarse como si fueran equivalentes.

El tiempo, la transparencia metodológica y los resultados de los procesos internos permitirán evaluar mejor el panorama. Mientras tanto, el país necesita información verificable, análisis responsable y menos conclusiones precipitadas.

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