Opinión

12 de octubre: nada que celebrar; un día como hoy inició el exterminio de la población nativa de América.

12 de octubre: nada que celebrar; un día como hoy inició el exterminio de la población nativa de América.Imagen ilustrativa del contenido de ejemplo.

Por: Juan Carlos Tejada

Cada 12 de octubre, en distintas partes del mundo, se conmemora la llegada de Cristóbal Colón a América en 1492, un acontecimiento que durante siglos ha sido presentado como el encuentro entre dos culturas y el inicio de una nueva etapa en la historia de la humanidad. Sin embargo, detrás de esa narrativa existe una realidad histórica que no debe ignorarse: la conquista también dio paso a la violencia, la explotación, la esclavitud y el sometimiento de los pueblos originarios del continente.

Desde mi punto de vista, esta fecha no debe ser motivo de celebración, sino una oportunidad para reflexionar sobre uno de los capítulos más dolorosos de la historia americana. No se puede hablar únicamente de encuentro cultural sin reconocer el sufrimiento de millones de indígenas cuyas comunidades fueron transformadas radicalmente por la llegada de los europeos.

El 12 de octubre de 1492 marcó el inicio de un proceso de conquista y colonización que tuvo consecuencias devastadoras para las poblaciones nativas de América. Aunque la historia no fue idéntica en todos los territorios ni en todos los momentos, numerosos pueblos sufrieron despojo de sus tierras, trabajos forzados, violencia, imposición cultural y religiosa, así como epidemias que contribuyeron a una enorme disminución de la población indígena.

En nuestra isla de La Española, territorio que hoy comparten la República Dominicana y Haití, las consecuencias de la colonización fueron especialmente profundas. Los taínos, que habitaban estas tierras antes de la llegada de Colón, experimentaron un proceso de dominación que alteró sus formas de vida, sus estructuras sociales y sus creencias. La explotación, las enfermedades introducidas desde Europa, la violencia y el trabajo forzado contribuyeron al desplome demográfico de la población originaria.

Por eso, cuando hablamos del llamado encuentro de dos mundos, debemos preguntarnos: ¿fue realmente un encuentro entre iguales o el comienzo de una relación marcada por la desigualdad y la imposición? Para los pueblos indígenas, la llegada de los europeos no significó simplemente conocer una cultura diferente; significó también enfrentarse a un sistema de conquista que amenazó su autonomía, sus territorios y su supervivencia.

Esto no significa negar los intercambios culturales, lingüísticos y sociales que surgieron a partir de aquel acontecimiento. La historia es compleja y debe estudiarse en toda su dimensión. Sin embargo, reconocer esos intercambios no obliga a celebrar los abusos cometidos ni a minimizar el sufrimiento de quienes los padecieron.

Tampoco debemos olvidar que los pueblos indígenas no desaparecieron por completo. Sus descendientes siguen presentes en América, y sus aportes culturales, conocimientos, tradiciones y formas de entender la naturaleza forman parte de la identidad de nuestros países. Reconocer su existencia y su legado es también una manera de combatir siglos de invisibilización.

La memoria histórica no consiste en borrar el pasado, sino en comprenderlo con honestidad. Una sociedad que conoce su historia está mejor preparada para reconocer las injusticias, valorar la diversidad cultural y evitar que las mismas prácticas de discriminación y sometimiento se repitan.

Por ello, el 12 de octubre debería ser una jornada de reflexión, educación y reconocimiento de los pueblos originarios, no una celebración que presente la conquista exclusivamente como una hazaña o un acontecimiento glorioso. Recordar esta fecha implica escuchar las voces indígenas, reconocer el daño causado y comprender que ningún avance histórico puede justificar la negación de la dignidad humana.

En América, antes de 1492, ya existían pueblos con sus propias lenguas, conocimientos, sistemas de organización, creencias y culturas. No eran territorios vacíos ni sociedades sin historia. Eran comunidades que tenían derecho a sus tierras, a su identidad y a decidir sobre su propio destino.

Hoy, 12 de octubre, mi posición es clara: no hay nada que celebrar cuando la conmemoración deja fuera el sufrimiento de los pueblos originarios. Hay mucho que aprender, mucho que reconocer y una deuda histórica de memoria y respeto que todavía merece atención.

Porque recordar el pasado no es vivir atrapados en él; es comprenderlo para construir un presente más justo. Y ninguna sociedad puede honrar verdaderamente su historia si olvida a quienes pagaron el precio más alto de su transformación.

Este 12 de octubre, más que celebrar la conquista, corresponde recordar a los pueblos originarios de América, reconocer su resistencia y defender el respeto a su legado.