Por: Juan Carlos Tejada
El Partido Revolucionario Moderno (PRM), organización política que actualmente ostenta el poder en la República Dominicana, se encamina hacia una de las etapas más intensas y determinantes de su historia interna reciente: la lucha por la candidatura presidencial con miras a las elecciones de 2028.
Aunque todavía falta tiempo para la celebración de las primarias internas, el escenario político comienza a tomar forma y los principales aspirantes presidenciales del oficialismo se preparan para entrar en una nueva etapa de competencia, en la que cada movimiento, cada discurso y cada estructura territorial podrían marcar la diferencia.
Hasta ahora, varios de los principales presidenciables han permanecido ocupados en importantes responsabilidades dentro del Estado. David Collado se desempeña como ministro de Turismo; Carolina Mejía ocupa la Alcaldía del Distrito Nacional; Wellington Arnaud dirige el Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (INAPA); Raquel Peña ejerce la Vicepresidencia de la República, mientras que Guido Gómez Mazara preside el Consejo Directivo del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL), entre otras figuras que también desarrollan funciones públicas de relevancia.
Sin embargo, el panorama podría experimentar un giro significativo a partir de enero de 2027.
La expectativa es que los dirigentes que ocupan posiciones designadas por el Poder Ejecutivo comiencen a desprenderse de sus responsabilidades gubernamentales para concentrar sus esfuerzos en la construcción de sus respectivos proyectos presidenciales. De producirse ese escenario, enero marcaría un antes y un después en la competencia interna del PRM.
Hasta el momento, los aspirantes han podido combinar sus responsabilidades institucionales con la articulación de sus estructuras políticas. Pero una cosa es construir un proyecto desde una posición pública y otra muy distinta es lanzarse de lleno a recorrer el territorio nacional, visitar municipios, encabezar encuentros, reunirse con dirigentes de base y disputar directamente el respaldo de la militancia.
Ahí es donde comenzará verdaderamente la batalla.
Cinco proyectos, una sola candidatura
Actualmente, cinco figuras concentran la atención dentro de la carrera presidencial del PRM: David Collado, Carolina Mejía, Raquel Peña, Wellington Arnaud y Guido Gómez Mazara. La competencia ya ha comenzado a generar movimientos, adhesiones, coordinaciones provinciales y estructuras que trabajan para posicionar a sus respectivos aspirantes.
La salida de algunos dirigentes que inicialmente figuraban en la contienda, como Eduardo (Yayo) Sanz Lovatón y Tony Peña Guaba, quienes han expresado su respaldo a David Collado, demuestra que las alianzas y los reacomodos también serán parte fundamental de este proceso.
Cada proyecto tendrá que demostrar su verdadera capacidad de convocatoria, su nivel de organización y, sobre todo, su fortaleza dentro de las bases del partido. No bastará con tener figuras de alto perfil, ocupar espacios en los medios de comunicación o contar con el respaldo de importantes dirigentes nacionales. La candidatura se definirá en una competencia donde el trabajo territorial, la conexión con la militancia y la capacidad de sumar voluntades serán determinantes.
Enero podría marcar el inicio de una nueva etapa
Si los acontecimientos avanzan como se espera, a partir de enero veremos a los presidenciables dedicar mucho más tiempo a sus aspiraciones políticas.
Los municipios, distritos municipales, provincias y comunidades comenzarán a convertirse en escenarios permanentes de encuentros políticos. Los equipos provinciales tendrán que demostrar resultados, los coordinadores municipales asumirán mayores responsabilidades y los dirigentes de base pasarán a ocupar un lugar estratégico en la construcción de cada candidatura.
Será una competencia de estructuras, liderazgo, recursos, estrategia y capacidad de movilización.
David Collado tendrá que demostrar que su posicionamiento nacional puede traducirse en una mayoría dentro del PRM. Carolina Mejía deberá convertir su estructura política y sus vínculos partidarios en una fuerza capaz de conquistar la nominación. Raquel Peña tendrá el desafío de consolidar su liderazgo más allá de su condición de vicepresidenta. Wellington Arnaud deberá demostrar la fortaleza de su organización territorial, mientras que Guido Gómez Mazara tendrá que convertir su discurso político y su capacidad de confrontación en respaldo electoral dentro de la organización.
Ninguno tiene la candidatura asegurada. Y precisamente esa incertidumbre es lo que hace interesante esta competencia.
El gran desafío: competir sin destruir la unidad
Sin embargo, hay un elemento que no puede perderse de vista: el PRM no solamente está escogiendo a su próximo candidato presidencial, también está poniendo a prueba su capacidad para administrar una competencia entre dirigentes que, después de las primarias, tendrán que reencontrarse bajo una misma bandera.
La organización tiene por delante un compromiso político de enormes dimensiones: preservar la unidad interna y construir una candidatura con capacidad de retener el poder en las elecciones de mayo de 2028.
El presidente Luis Abinader tendrá un papel importante en este escenario, especialmente desde su responsabilidad como principal figura institucional y dirigente de la organización. Su desafío será garantizar condiciones de equidad, evitar que las diferencias personales se conviertan en enfrentamientos irreconciliables y procurar que el proceso se desarrolle con reglas claras.
Las primarias están previstas para el 3 de octubre de 2027, mientras que el calendario electoral contempla el inicio formal de la precampaña para julio de ese año. Esto significa que los meses anteriores serán decisivos para quienes aspiran a conquistar la nominación presidencial. Periódico elCaribe +2
Una guerra política que apenas comienza
Lo que viene para el PRM no será una simple competencia de discursos ni una carrera de fotografías junto a dirigentes nacionales. Será una verdadera disputa por el liderazgo de la organización oficialista, en la que cada aspirante tendrá que demostrar cuánto respaldo real posee y hasta dónde llega su capacidad de construir una mayoría.
A partir de enero, si se concretan las salidas de los funcionarios de sus posiciones gubernamentales, el panorama podría cambiar considerablemente. Los aspirantes tendrán más tiempo para recorrer el país, fortalecer sus equipos y buscar el respaldo de una militancia que tendrá en sus manos la decisión de escoger al próximo candidato presidencial del partido.
La pregunta ya no es solamente quién quiere ser presidente de la República. La verdadera pregunta es quién tiene la capacidad de conquistar el PRM desde sus propias bases.
La cuenta regresiva ha comenzado. Enero podría convertirse en el punto de partida de una guerra política sin cuartel por la candidatura presidencial del partido de gobierno. Cinco proyectos, cinco liderazgos y una sola candidatura. Que comience la batalla.

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